Una de las cosas que más escucho antes de una sesión es que alguien no se ve bien en las fotografías o no sabe qué hacer delante de la cámara. Mi trabajo también consiste en ayudar con eso.
A veces empezamos paseando, porque moverse ayuda a relajarse. Otras veces hago una fotografía que sé que puede funcionar y os la enseño: ver que estáis saliendo bien cambia mucho la manera de afrontar el resto de la sesión.
Con los niños intento conectar desde el humor, la paciencia y el juego. Si necesitan indicaciones, les doy una estructura sencilla. Cuando se sienten cómodos y empiezan a mostrarse como son, les dejo espacio.
En una boda preparo y oriento lo necesario para aprovechar la luz y el lugar, procurando que podáis vivir lo que está ocurriendo. No quiero convertir vuestro día en una sucesión de instrucciones.
Que después me digáis que habéis estado cómodos, que os habéis divertido o que he tenido paciencia es una de las partes más gratificantes de este trabajo.